31/5/16
¿Por qué a la Virgen la llaman Esperanza?
Artículo perteneciente a la serie sobre las advocaciones marianas.
La advocación de la Esperanza es una de las más extendidas en la religiosidad popular, pero no siempre se comprende con exactitud su verdadero significado.
Cuando llamamos a María Esperanza, ¿a qué nos estamos refiriendo realmente? ¿Se trata solo de una forma piadosa de invocar su ayuda, o hay detrás un sentido teológico y mariano más profundo?
Para muchos, la advocación de la Esperanza se relaciona con la confianza, la intercesión y la necesidad de consuelo. Sin embargo, su significado auténtico va mucho más allá y hunde sus raíces en la tradición cristiana, en la teología y en la propia maternidad divina de María.
La Esperanza como virtud teologal
La esperanza es una de las tres virtudes teologales, junto con la fe y la caridad. Siguiendo a santo Tomás de Aquino, puede entenderse como la virtud infusa que capacita al hombre para confiar plenamente en alcanzar la vida eterna y los medios necesarios para llegar a ella, apoyado en el auxilio omnipotente de Dios.
En la teología cristiana, estas virtudes forman una unidad inseparable con las virtudes cardinales o naturales —prudencia, justicia, templanza y fortaleza—, configurando en su conjunto la imagen cristiana del hombre.
Pero, cuando hablamos de María bajo la advocación de la Esperanza, ¿coincide este sentido con lo que realmente estamos invocando?
La Virgen de la Esperanza
La advocación mariana de la Esperanza se vincula, de manera especial, al tiempo de Adviento y a la espera del nacimiento de Cristo. Por eso también aparece asociada a otras expresiones como Virgen encinta, Virgen de la O o Virgen de la Expectación.
Se trata, por tanto, de una advocación profundamente relacionada con el tiempo en que la Virgen María esperaba el nacimiento del Señor: el período en que llevaba en su seno al Hijo de Dios.
María es Theotokos, palabra griega que significa Madre de Dios, título proclamado solemnemente por la Iglesia en el Concilio de Éfeso (año 431) para subrayar su maternidad divina.
El sentido real de la advocación
La advocación de la Esperanza se celebra el 18 de diciembre, en la fiesta de la Expectación del parto de la Santísima Virgen María. Ahí se encuentra su sentido más propio: María como la Mujer que espera, la Madre que lleva en su seno la promesa cumplida de la salvación.
Ese es el significado central de esta advocación, al que se une también la resonancia espiritual de la esperanza como virtud teologal.
Entre los pasajes evangélicos que recogen este tiempo de espera destaca el de la Visitación, cuando María, ya encinta, acude a visitar a su prima Isabel, que también esperaba un hijo: Juan el Bautista.
La Esperanza en la religiosidad popular
La Esperanza es un tema muy presente en el arte, en la devoción y en la religiosidad popular, especialmente en Andalucía y de forma singular en Sevilla.
En la ciudad hispalense, varias hermandades penitenciales tienen como titular mariana a la Virgen de la Esperanza, entre ellas la Esperanza Macarena, la Esperanza de Triana, la Virgen de la O, la Virgen de la Esperanza de la Trinidad, la Virgen de Gracia y Esperanza de San Roque, la Esperanza Divina Enfermera de la Lanzada o María Santísima de la Esperanza Reina de los Mártires, del Juncal.
Esta amplia presencia muestra hasta qué punto la advocación de la Esperanza ha calado en la piedad del pueblo cristiano, uniendo teología, arte, tradición y vida devocional.
La advocación de la Esperanza ocupa un lugar central en la devoción mariana y en la religiosidad popular.
Comprender este título mariano es comprender mejor a María como Madre que espera, como portadora de Cristo y como signo de esperanza para el pueblo cristiano.
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Autor: Cristóbal Manuel Calvo Santiago.