Mirada personal y cofrade sobre las Hermandades, Cofradías y Bandas de Sevilla y Andalucía, con historia, fe, arte y la Semana Santa vivida durante todo el año.

4/5/16

El adorno floral en los pasos de Semana Santa: tradición, evolución y sentido del exorno

Hoy resulta casi imposible imaginar un paso de Semana Santa sin flores, pero el exorno floral, tal y como hoy lo entendemos, no ha sido siempre igual ni responde únicamente a una costumbre estética.

La unión entre los pasos procesionales y las flores parece hoy natural, incluso necesaria. La belleza de sus formas, sus colores y su aroma refuerzan la majestuosidad de las imágenes sagradas y ayudan a construir una identidad visual propia para cada cofradía.

De hecho, las hermandades cuidan con especial atención cómo ha de ser el exorno de sus pasos cada año, fijando un estilo, una personalidad y una forma concreta de presentarse ante la ciudad.

Flores habituales y gusto cofrade

Entre las flores más utilizadas destacan los claveles y las rosas, sin olvidar el uso de flores silvestres, especialmente en determinados pasos de Calvario. Los gladiolos, que durante mucho tiempo fueron frecuentes, han ido desapareciendo casi por completo.

Junto a estas opciones más habituales, existen también composiciones más arriesgadas que combinan distintas variedades florales e incluso, en ocasiones, elementos artificiales, algo mucho más discutible dentro del adorno procesional.

En líneas generales, sin embargo, el exorno floral suele resolverse con gusto, sentido común y coherencia con el carácter del paso.

El clavel y la falsa idea de tradición

Aunque el clavel es hoy la flor más usada, no puede decirse que sea la forma más antigua ni más tradicional de exornar los pasos de Semana Santa.

En los últimos años, de hecho, se aprecia una cierta recuperación de fórmulas antiguas, como el empleo de corchos, montes o variedades florales más acordes con modelos históricos.

Como en tantos otros ámbitos, determinados gustos terminan imponiendo modas. Eso fue lo que sucedió hacia el primer cuarto del siglo XX, cuando comenzó a extenderse el uso del clavel, una tendencia que se acentuó claramente tras la Guerra Civil.

Cómo era el exorno antes del siglo XX

Antes de la Guerra Civil, el exorno floral no era ni mucho menos una presencia generalizada en los pasos, y no hace falta retroceder hasta el siglo XVI para comprobarlo.

En el siglo XIX, por ejemplo, el pintor sevillano Manuel Cabral Bejarano representó una escena del Viernes Santo sevillano en la que aparece la Hermandad de Montserrat sin exorno floral. Ya por entonces comenzaban a verse flores, sí, pero reducidas a jarrones o elementos puntuales, una práctica que se mantuvo aproximadamente hasta los años cuarenta del siglo XX.

Viernes Santo en Sevilla, segunda mitad del siglo XIX. Manuel Cabral Bejarano.

Antiguo paso de la Sentencia de la Hermandad de la Macarena, principios del siglo XX.

Corcho, montes y realismo en los pasos de Cristo

En los pasos de Cristo, lo habitual era recurrir a trozos de corcho o madera imitando piedras, combinados con especies vegetales dispersas, para recrear el aspecto áspero y desangelado del Monte Gólgota.

Cristo de la Exaltación, Sevilla, hacia principios del siglo XX.

La expansión del clavel rojo

Desde 1939, el empleo de montes forrados de claveles rojos comenzó a hacerse cotidiano. Con el tiempo, esta fórmula llegó a convertirse casi en sinónimo del exorno de muchos pasos de Cristo.

Sin embargo, conviene matizar algunas ideas muy extendidas. No es correcto atribuir automáticamente a cada color floral un simbolismo paralelo al de los colores litúrgicos. Decir que una flor morada representa la Pasión o que una flor blanca representa la pureza de la Virgen simplifica en exceso una cuestión mucho más compleja.

En el caso concreto del clavel rojo, su difusión histórica en determinados pasos también estuvo condicionada por circunstancias estéticas, sociales y políticas de su tiempo.

La moda surgida en Sevilla terminó extendiéndose por otros muchos lugares de España. Aun así, algunas hermandades mantuvieron fórmulas más fieles a la tradición, como los montes de piedra en pasos de Crucificados o la ausencia de flores en determinados misterios de tribunal.

Antiguo paso de Tres Caídas, principios del siglo XX.

Antiguo paso de Nuestro Padre Jesús del Silencio, de la Hermandad de la Amargura.

Cristo del Buen Fin, Sevilla, hacia los años setenta del siglo XX.

Algunas reflexiones finales

No es necesario buscar en el color de las flores una justificación simbólica rígida para su uso. Más acertado es entender la flor, por su propia naturaleza, como signo de redención, belleza y paso hacia una vida nueva.

Este artículo no pretende desterrar el uso del clavel ni desautorizar fórmulas hoy plenamente asentadas. Los gustos y las costumbres terminan convirtiéndose, muchas veces, en tradición viva.

Lo que aquí se propone es una visión general del exorno floral en los pasos de Semana Santa: qué fue lo tradicional, qué se volvió habitual y qué formas antiguas comienzan hoy a recuperarse.

Todo es válido cuando se hace con gusto, coherencia y sentido. Pero cuanto más se tienda a lo natural y a lo realista, más fuerza tendrá lo que el paso procesional quiere representar.