Mirada personal y cofrade sobre las Hermandades, Cofradías y Bandas de Sevilla y Andalucía, con historia, fe, arte y la Semana Santa vivida durante todo el año.

Entradas destacadas

Miradas de Pasión · Fotografía y fe

Esta entrada sirve como presentación de la serie “Miradas de Pasión”. Esta fotografía forma parte de la sección Miradas de Pasión...

Entradas populares

17/2/17

El titulus de la cruz de Cristo: el cartel de su condena y su significado

Entrada publicada originalmente en 2017. Contenido revisado y actualizado.

En la Pasión de Cristo no hay detalles accesorios: cada gesto, cada objeto y cada palabra forman parte de un mensaje cargado de sentido histórico, jurídico y teológico.

Uno de los elementos más significativos de la Pasión de Cristo es el llamado titulus, el cartel colocado sobre la cruz en el que se indicaba la causa de su condena. Presente en los Evangelios y cargado de un profundo simbolismo teológico e histórico-jurídico, el titulus no es un simple detalle narrativo, sino un elemento esencial de la iconografía cristiana. Este tipo de aproximación al significado de nuestra tradición, que da sentido a la Semana Santa, encaja plenamente con la línea editorial de Al Cielo Cofrade.

                              Cristo crucificado de Córdoba con titulus sobre la cruz, símbolo de la condena de Jesús
Cristo crucificado con titulus según la iconografía tradicional.


Para comprender su verdadero alcance, conviene detenerse brevemente en su función original dentro del mundo romano.

Todos conocemos que, sobre la cruz de Cristo, se colocó un cartel indicando quién era el ajusticiado. Aquella pieza de madera recibía en el mundo romano el nombre de titulus damnationis —título de la condena— y tenía como finalidad señalar públicamente el motivo por el cual una persona era ejecutada.

Según la tradición cristiana, el Titulus Crucis se conserva desde hace siglos en la Basílica de Santa Croce in Gerusalemme, en Roma. 

                                 Basílica de Santa Croce in Gerusalemme en Roma, donde se conserva el Titulus Crucis

Basílica de Santa Croce in Gerusalemme, Roma.


Se trata de una tabla de madera que presenta las siguientes características físicas:

Tiene un peso aproximado de 687 gramos, mide 25,3 centímetros de largo, 14 centímetros de alto y 2,6 centímetros de grosor. Está elaborada en madera de nogal mediterráneo (Juglans regia), un árbol originario del Mediterráneo oriental y de Oriente Próximo, muy apreciado por su dureza y resistencia.

La tabla presenta un acusado deterioro en sus bordes, especialmente en el margen superior, lo que impide leer completamente el texto en hebreo que contenía originalmente. Sin embargo, el lado izquierdo se conserva casi intacto. La tradición explica este notable estado de conservación afirmando que la pieza fue hallada dentro de una cisterna, donde habría permanecido cerca de trescientos años. Esta explicación resulta verosímil, ya que la madera puede conservarse de manera excepcional en ambientes húmedos o cubiertos de limo.

En la parte central de la tabla se aprecian restos de tinta de tonalidad gris calcárea y trazas negras en algunas letras. Este detalle coincide con los estudios realizados por la arqueóloga Maria Siliato, quien, tras analizar otros tituli damnationis romanos, señala que era habitual aplicar una capa blanquecina de yeso sobre la madera para mejorar la visibilidad, pintando después las letras en rojo o negro con el motivo de la condena.

El hallazgo del Titulus Crucis se vincula tradicionalmente al viaje de la emperatriz Helena a Jerusalén, hacia el año 325 d. C., con el propósito de localizar el lugar de la Crucifixión y el Sepulcro de Cristo. Durante esa expedición se habrían descubierto diversas reliquias relacionadas con la Pasión, entre ellas la Cruz. Así lo recoge el historiador Rufino en su Historia Eclesiástica (X, 7), cuando relata cómo Helena, madre del emperador Constantino, se interesó por el lugar exacto donde Cristo había sido crucificado, un emplazamiento que había sido deliberadamente ocultado mediante la construcción de un templo pagano dedicado a Venus para impedir el culto cristiano.

                              Tabla del Titulus Crucis con la inscripción de la condena de Cristo, conservada en Roma

                              Detalle de la tabla del Titulus Crucis con la inscripción de la condena de Cristo, conservada en Roma

Detalle de la reliquia del Titulus Crucis conservada en Roma.

Pocos años después, en el 331 d. C., Macario, obispo de Jerusalén, informó al emperador Constantino del hallazgo de tres cruces en las inmediaciones de la ciudad. Una de ellas conservaba un fragmento de madera unido al stipes, el madero vertical de la cruz. Aquella tabla escrita fue separada por orden de Helena: una parte fue trasladada a Roma, mientras que otra permaneció en Jerusalén, donde las crónicas la mencionan hasta el siglo VI, momento en el que se pierde su rastro.

                              Recreación del Titulus de la cruz de Cristo con inscripción en hebreo, griego y latín

Recreación del Titulus de la cruz con inscripción trilingüe.

El historiador Sozomeno (siglos IV-V) también hace referencia a este hallazgo, afirmando:

“Fueron encontradas tres cruces y otro pedazo de leño sobre el cual, en color blanco, resaltaba escrito en caracteres hebreos, griegos y latinos: Jesús de Nazaret, rey de los judíos”.

Este testimonio concuerda plenamente con la reliquia conservada en la basílica romana, incluso en el detalle del orden de los idiomas. Este aspecto resulta especialmente relevante, ya que coincide con el relato del Evangelio de san Juan, testigo ocular de la Crucifixión, quien escribe:

Juan 19, 19-22:
“Escribió Pilato un título y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: Jesús Nazareno, Rey de los judíos. Muchos de los judíos leyeron este título, porque el lugar donde fue crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego”.

El titulus indicaba la causa poenae, es decir, la causa jurídica de la pena. En este caso, la acusación era clara: proclamarse “Rey de los judíos”.

¿Por qué se utilizó precisamente esta fórmula? Porque fue la acusación presentada por el Sanedrín ante las autoridades romanas. Aunque el verdadero conflicto era de carácter religioso —la afirmación de Jesús como Mesías e Hijo de Dios—, Pilato no podía juzgar a un judío por cuestiones doctrinales ajenas al derecho romano. Sin embargo, sí podía hacerlo si se trataba de una pretensión política que cuestionara la autoridad imperial. De este modo, la acusación de realeza fue aceptada como causa legal de la condena. Pilato no condena a Jesús por motivos religiosos, sino como supuesto aspirante a un título político que solo correspondía al emperador.

El carácter trilingüe del titulus responde a una práctica habitual en los carteles públicos de la época. El texto se escribió en hebreo o arameo, lengua del pueblo judío; en latín, idioma oficial de la administración romana; y en griego, lengua franca y cultural del Imperio, utilizada en el comercio, la educación y los procedimientos jurídicos.

Como curiosidad final, las letras conservadas aparecen escritas de derecha a izquierda, lo que sugiere que quien lo redactó estaba acostumbrado a escribir en hebreo. Este detalle explicaría también ciertos errores lingüísticos presentes en el latín y el griego del texto, como el uso de “Nazarenos” en lugar de la forma griega correcta “Nazarios”.

Más allá de la tradición y de los testimonios históricos, el propio texto del titulus permite un análisis detallado desde el punto de vista lingüístico y paleográfico.

Las imágenes y estudios paleográficos del Titulus Crucis conservado en Roma permiten analizar con detalle no solo el contenido del texto, sino también su forma de escritura, un aspecto fundamental para valorar su autenticidad.

En primer lugar, resulta llamativo que el texto original esté escrito de derecha a izquierda, algo que se aprecia claramente en la tablilla conservada. Si las letras se transcriben y se leen de izquierda a derecha —tal como estamos acostumbrados hoy—, el texto adopta una forma comprensible en los tres idiomas.

Hagamos, por tanto, una lectura por líneas del titulus:

En la primera línea el texto hebreo es actualmente ilegible en gran parte debido al deterioro del margen superior de la tabla. No obstante, los restos conservados muestran una grafía característica de los siglos I al IV d. C., lo que encaja cronológicamente con la época de la Crucifixión.

Los estudios coinciden en que el texto original habría sido:

Ioshúa ha-Notzrí Mélej ha-Yehudím
Jesús Nazareno, Rey de los Judíos

Este texto se abreviaba mediante las siglas IHMH, equivalentes hebreas del conocido INRI latino.

En la segunda línea en caracteres griegos se pueden leer fragmentos claramente identificables:

(…) NAZARENOS (…)

La grafía de varias letras resulta especialmente significativa:

  • La épsilon aparece escrita conforme al uso del siglo I d. C.

  • La ómicron presenta una forma que dejó de utilizarse entre los siglos II y IV, reapareciendo más tarde en época bizantina (a partir del siglo VI), lo que refuerza la datación temprana.

  •                                                                  Grafia de la letra griega omicron vigente en tiempos de Jesucristo

  • La alfa muestra una grafía documentada únicamente entre los siglos I y III d. C.

  •                                                                 Grafia de la letra alfa usada entre los siglos I y III después de Cristo

El texto griego completo habría sido:

ΙΗΣΟΥΣ ΧΡΙΣΤΟΣ (Jesús Cristo)
ΝΑΖΑΡΕΝΟΣ (Nazareno)
ΒΑΣΙΛΕΥΣ (Rey)
ΙΟΥΔΑΙΩΝ (de los Judíos)

Dicho texto se abreviaba mediante las siglas INBI.

En la tercera línea, es decir la inferior, escrita en latín, se conservan fragmentos legibles como:

(…) NAZARINVS RE (…)

Ahí, el texto latino completo habría sido:

Iesus (Jesús)
Nazarenus (Nazareno)
Rex (Rey)
Iudaeorum (de los Judíos)

De aquí proceden las conocidas siglas INRI, tan presentes en la iconografía cristiana.

Esta proclamación involuntaria de la realeza de Cristo ha sido interpretada y representada a lo largo de los siglos en la iconografía cristiana, donde elementos como las potencias que coronan la cabeza de Jesús expresan visualmente su condición divina y real.

Un dato especialmente relevante es que el contenido del titulus coincide con el texto evangélico de San Juan (Jn 19, 19), el único evangelista que utiliza explícitamente el término “Nazareno”. Este detalle refuerza la coherencia entre el relato bíblico y la reliquia conservada. Además, el orden de los idiomas —hebreo, griego y latín— coincide tanto con el Evangelio como con la práctica administrativa romana en territorios orientales del Imperio.

La recreación completa del titulus muestra una tablilla trilingüe, con el texto grabado y posteriormente resaltado con pigmentos, destinada a ser leída por todos los presentes: el pueblo judío, la administración romana y la población helenizada.

Lejos de ser un simple detalle ornamental, el titulus fue un elemento jurídico, político y teológico de primer orden. Otros elementos de la Pasión, como la corona de espinas que Jesucristo llevó durante su suplicio, refuerzan igualmente este mensaje de humillación y entrega total.



 

¿Qué te gustaría leer hoy?