17/2/17
El titulus de la cruz de Cristo: el cartel de su condena y su significado

Para comprender su verdadero alcance, conviene detenerse brevemente en su función original dentro del mundo romano.
Todos conocemos que, sobre la cruz de Cristo, se colocó un cartel indicando quién era el ajusticiado. Aquella pieza de madera recibía en el mundo romano el nombre de titulus damnationis —título de la condena— y tenía como finalidad señalar públicamente el motivo por el cual una persona era ejecutada.
Según la tradición cristiana, el Titulus Crucis se conserva desde hace siglos en la Basílica de Santa Croce in Gerusalemme, en Roma.
Basílica de Santa Croce in Gerusalemme, Roma.
Se trata de una tabla de madera que presenta las siguientes características físicas:
Tiene un peso aproximado de 687 gramos, mide 25,3 centímetros de largo, 14 centímetros de alto y 2,6 centímetros de grosor. Está elaborada en madera de nogal mediterráneo (Juglans regia), un árbol originario del Mediterráneo oriental y de Oriente Próximo, muy apreciado por su dureza y resistencia.
En la parte central de la tabla se aprecian restos de tinta de tonalidad gris calcárea y trazas negras en algunas letras. Este detalle coincide con los estudios realizados por la arqueóloga Maria Siliato, quien, tras analizar otros tituli damnationis romanos, señala que era habitual aplicar una capa blanquecina de yeso sobre la madera para mejorar la visibilidad, pintando después las letras en rojo o negro con el motivo de la condena.
El hallazgo del Titulus Crucis se vincula tradicionalmente al viaje de la emperatriz Helena a Jerusalén, hacia el año 325 d. C., con el propósito de localizar el lugar de la Crucifixión y el Sepulcro de Cristo. Durante esa expedición se habrían descubierto diversas reliquias relacionadas con la Pasión, entre ellas la Cruz. Así lo recoge el historiador Rufino en su Historia Eclesiástica (X, 7), cuando relata cómo Helena, madre del emperador Constantino, se interesó por el lugar exacto donde Cristo había sido crucificado, un emplazamiento que había sido deliberadamente ocultado mediante la construcción de un templo pagano dedicado a Venus para impedir el culto cristiano.
Detalle de la reliquia del Titulus Crucis conservada en Roma.
Pocos años después, en el 331 d. C., Macario, obispo de Jerusalén, informó al emperador Constantino del hallazgo de tres cruces en las inmediaciones de la ciudad. Una de ellas conservaba un fragmento de madera unido al stipes, el madero vertical de la cruz. Aquella tabla escrita fue separada por orden de Helena: una parte fue trasladada a Roma, mientras que otra permaneció en Jerusalén, donde las crónicas la mencionan hasta el siglo VI, momento en el que se pierde su rastro.
Recreación del Titulus de la cruz con inscripción trilingüe.
El historiador Sozomeno (siglos IV-V) también hace referencia a este hallazgo, afirmando:
“Fueron encontradas tres cruces y otro pedazo de leño sobre el cual, en color blanco, resaltaba escrito en caracteres hebreos, griegos y latinos: Jesús de Nazaret, rey de los judíos”.
Este testimonio concuerda plenamente con la reliquia conservada en la basílica romana, incluso en el detalle del orden de los idiomas. Este aspecto resulta especialmente relevante, ya que coincide con el relato del Evangelio de san Juan, testigo ocular de la Crucifixión, quien escribe:
Juan 19, 19-22:
“Escribió Pilato un título y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: Jesús Nazareno, Rey de los judíos. Muchos de los judíos leyeron este título, porque el lugar donde fue crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego”.
El titulus indicaba la causa poenae, es decir, la causa jurídica de la pena. En este caso, la acusación era clara: proclamarse “Rey de los judíos”.
¿Por qué se utilizó precisamente esta fórmula? Porque fue la acusación presentada por el Sanedrín ante las autoridades romanas. Aunque el verdadero conflicto era de carácter religioso —la afirmación de Jesús como Mesías e Hijo de Dios—, Pilato no podía juzgar a un judío por cuestiones doctrinales ajenas al derecho romano. Sin embargo, sí podía hacerlo si se trataba de una pretensión política que cuestionara la autoridad imperial. De este modo, la acusación de realeza fue aceptada como causa legal de la condena. Pilato no condena a Jesús por motivos religiosos, sino como supuesto aspirante a un título político que solo correspondía al emperador.
El carácter trilingüe del titulus responde a una práctica habitual en los carteles públicos de la época. El texto se escribió en hebreo o arameo, lengua del pueblo judío; en latín, idioma oficial de la administración romana; y en griego, lengua franca y cultural del Imperio, utilizada en el comercio, la educación y los procedimientos jurídicos.
Como curiosidad final, las letras conservadas aparecen escritas de derecha a izquierda, lo que sugiere que quien lo redactó estaba acostumbrado a escribir en hebreo. Este detalle explicaría también ciertos errores lingüísticos presentes en el latín y el griego del texto, como el uso de “Nazarenos” en lugar de la forma griega correcta “Nazarios”.
Hagamos, por tanto, una lectura por líneas del titulus:
En la primera línea el texto hebreo es actualmente ilegible en gran parte debido al deterioro del margen superior de la tabla. No obstante, los restos conservados muestran una grafía característica de los siglos I al IV d. C., lo que encaja cronológicamente con la época de la Crucifixión.
Los estudios coinciden en que el texto original habría sido:
Ioshúa ha-Notzrí Mélej ha-Yehudím
Jesús Nazareno, Rey de los Judíos
Este texto se abreviaba mediante las siglas IHMH, equivalentes hebreas del conocido INRI latino.
En la segunda línea en caracteres griegos se pueden leer fragmentos claramente identificables:
(…) NAZARENOS (…)
La grafía de varias letras resulta especialmente significativa:
-
La épsilon aparece escrita conforme al uso del siglo I d. C.
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La ómicron presenta una forma que dejó de utilizarse entre los siglos II y IV, reapareciendo más tarde en época bizantina (a partir del siglo VI), lo que refuerza la datación temprana.
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La alfa muestra una grafía documentada únicamente entre los siglos I y III d. C.
El texto griego completo habría sido:
ΙΗΣΟΥΣ ΧΡΙΣΤΟΣ (Jesús Cristo)
ΝΑΖΑΡΕΝΟΣ (Nazareno)
ΒΑΣΙΛΕΥΣ (Rey)
ΙΟΥΔΑΙΩΝ (de los Judíos)
Dicho texto se abreviaba mediante las siglas INBI.
En la tercera línea, es decir la inferior, escrita en latín, se conservan fragmentos legibles como:
(…) NAZARINVS RE (…)
Ahí, el texto latino completo habría sido:
Iesus (Jesús)
Nazarenus (Nazareno)
Rex (Rey)
Iudaeorum (de los Judíos)
De aquí proceden las conocidas siglas INRI, tan presentes en la iconografía cristiana.
Esta proclamación involuntaria de la realeza de Cristo ha sido interpretada y representada a lo largo de los siglos en la iconografía cristiana, donde elementos como las potencias que coronan la cabeza de Jesús expresan visualmente su condición divina y real.
Un dato especialmente relevante es que el contenido del titulus coincide con el texto evangélico de San Juan (Jn 19, 19), el único evangelista que utiliza explícitamente el término “Nazareno”. Este detalle refuerza la coherencia entre el relato bíblico y la reliquia conservada. Además, el orden de los idiomas —hebreo, griego y latín— coincide tanto con el Evangelio como con la práctica administrativa romana en territorios orientales del Imperio.
La recreación completa del titulus muestra una tablilla trilingüe, con el texto grabado y posteriormente resaltado con pigmentos, destinada a ser leída por todos los presentes: el pueblo judío, la administración romana y la población helenizada.
Lejos de ser un simple detalle ornamental, el titulus fue un elemento jurídico, político y teológico de primer orden. Otros elementos de la Pasión, como la corona de espinas que Jesucristo llevó durante su suplicio, refuerzan igualmente este mensaje de humillación y entrega total.





